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El loro 33 y la neblina del Cerro el Peligro

domingo, 14 de junio de 2026· Por Alejandro | Los Loros

El loro 33 y la neblina del Cerro el Peligro


El Día del Padre, el Cerro el Peligro amaneció envuelto en una neblina espesa que difuminaba los árboles y borraba los bordes del monte. Alberto ya estaba en su puesto. Como cualquier mañana, preparó tres bandejas metálicas con papaya, guayaba y mango fresco, y las dejó dispuestas sobre la mesa de madera bajo la sombra de los árboles. El dato de la neblina quedó anotado — en la Fundación quieren saber en qué épocas del año el cerro amanece así, cubierto y húmedo. Lo que llegó a comer valió el registro: los guacamayos liberados hace apenas unos meses ya se mueven en bandada. No era un pájaro suelto ni dos. Era un grupo, volando y posándose juntos, con la coordinación propia de quienes ya se reconocen entre sí. Entre ellos estaba el loro número 33 —medalla al cuello, plumas verdes con amarillo en la cabeza y destellos rojos en las alas— posado tranquilo con un trozo de fruta en el pico y la neblina del cerro de fondo, mezclado con los guacamayos como si siempre hubiera pertenecido a ese grupo.
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