
viernes, 1 de mayo de 2026· Por Omar
El B214 y su tamarindo
El 22 de abril al mediodía, Omar Enrique Berdugo Cabeza abrió la compuerta y el loro B214 salió volando hacia los árboles que rodean la Fundación Loros. El ave llegó con las plumas maltrechas, pero durante su rehabilitación aprendió lo que necesitaba saber: reconocer las frutas del bosque, llegar hasta ellas, comérselas. Ese aprendizaje fue paciente, construido con enriquecimiento alimentario, con frutas parecidas a las que encontraría afuera.
Siete días después, el 29 de abril a las 2:35 de la tarde, el colaborador Maicol lo encontró cerca de la casa de la fundación. Ahí estaba el B214, posado entre las ramas de un tamarindo, comiendo solo, sin apuro, como si siempre hubiera sabido hacerlo. Maicol lo fotografió y lo grabó en video — prueba quieta y contundente de que algo había funcionado.
Omar lo dijo con sencillez: se sintió feliz. Esa felicidad no es menor. Detrás de ella está el trabajo invisible de la rehabilitación, los días de preparación, el momento exacto de soltar. El B214 ya no necesita que nadie le lleve la fruta.
