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El arroyo que olvidó el agua

viernes, 15 de mayo de 2026· Por José Marin

El arroyo que olvidó el agua


El 15 de mayo, José Marín se internó por un sendero de tierra donde las ramas y los árboles se arquean formando un túnel natural, con el suelo tapizado de hojas secas y piedras pequeñas que crujen bajo cada paso. Al fondo, donde debería correr el arroyo, encontró solo silencio y tierra agrietada: el cauce completamente seco, sin una gota, como si el agua hubiera emprendido viaje sin avisar. Pese a la ausencia del líquido, el lugar no estaba solo. Entre la sombra fresca del dosel se acomodaban palomas, guacharacas y barranqueros, esas aves de pecho azul turquesa que saben encontrar refugio incluso cuando las condiciones aprietan. Descansaban tranquilas, ajenas al calor que ya a media tarde cargaba el aire de la reserva. José reportó todo en calma, sin novedades más allá del arroyo rendido ante la falta de lluvias, y prometió volver más tarde para completar el monitoreo. El sendero quedó quieto, con sus manchas de luz filtrándose entre el follaje, guardando la espera.