
sábado, 18 de julio de 2026· Por Alejandro | Los Loros
Un coendu decaído al pie de la ceiba
Nicolás no esperaba encontrarse con esa figura quieta al pie de la ceiba. Estaba ahí nomás, en la finca de uno de los vecinos de la Fundación en el sector Broche — un coendu apoyado contra la corteza grisácea del árbol, con sus púas blancas y negras bien erguidas, rodeado de hojas secas y monte verde. Sin heridas visibles, pero con ese aire de animal que no está bien, ese decaimiento que uno reconoce sin poder explicarlo del todo.
El Coendou es uno de esos animales que pocos han visto de cerca por estas tierras. Nocturno y arborícola, pasa la mayor parte de su vida entre las ramas, y verlo al suelo en pleno día, quieto y sin reacción, es señal de que algo no va bien. La zona boscosa del Broche, justo en los límites con las fincas vecinas, sigue siendo refugio para especies que dependen de esos corredores de vegetación para moverse, alimentarse y sobrevivir.
Queda registrado el avistamiento. El territorio habla, y a veces lo hace a través de un animal silencioso al pie de un árbol.
