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La mata caballo y la rana dorada del kiosco

viernes, 5 de junio de 2026· Por Omar

La mata caballo y la rana dorada del kiosco


Era las diez y media de la mañana del 28 de mayo cuando Omar Enrique Verdugo Cabeza lavaba las bandejas de alimentación de los loros, allá en el kiosco de Vista al Lago Uno, y algo en la maleza le llamó la atención. Al principio pensó que eran dos serpientes corriendo juntas — una detrás de la otra entre el verde espeso. Fue un segundo después que se dio cuenta: lo que huía no era una culebra sino una rana de coloración amarillo-dorada, escurriéndose entre las hojas con la desesperación de quien sabe que el tiempo se acaba. Lo que más lo impresionó fue la técnica de la mata caballo: el cuerpo tendido a ras del suelo, invisible entre la maleza, y la cabeza levantada en el aire, girando, rastreando, leyendo el mundo con esa lengua bífida que no descansa. Cuando la maleza dejó de moverse, la serpiente bajó la cabeza. La cacería había terminado. Omar se acercó y la encontró alimentándose de la rana. Esperó. Cuando terminó de comer, la mata caballo se quedó quieta y lo miró. Sacaba la lengua una y otra vez, con calma, como quien reconoce a un vecino sin alarma. Por estos lados le dicen mata caballo por lo larga, lo rápida y ese temperamento que sale cuando la acosan — aunque con quien la respeta, dicen, no busca pelea. Omar le tomó la foto. El territorio, como siempre, seguía su curso.